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Hoya de Huesca
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La Hoya de Huesca se encuentra en la zona intermedia
del alto Aragón,
enmarcada entre las sierras prepirenaicas de Santo Domingo, Loarre, Caballera,
Gratal y Guara, al norte, y las llanuras meridionales que suponen la
antesala de la estepa monegrina, al sur. Esta situación de transición
garantiza una gran diversidad natural.
La situación de La Hoya de Huesca como punto de encuentro de las
estribaciones pirenaicas con la llanura que se extiende hacia el valle
del Ebro ha impreso a esta comarca un carácter de tierra de fusión
de culturas y modos de vida a lo largo de su historia. con la reconquista
en el siglo XI, la anterior división de culturas dio paso a una
larga convivencia, pero conservando los matices culturales que marca
el entorno natural y geográfico de los pueblos.
La Hoya de Huesca es territorio de paso de dos GRANDES RUTAS CULTURALES de alcance europeo: por un lado, el Camino de Santiago la atraviesa de
sureste a noroeste, en la denominada Ruta Catalana, que une las localidades
de Pertusa, Antillón, Fañanás, Ola, Tierz, Huesca,
Chimillas, Bolea, Aniés, Loarre, Sarsamarcuello, La Peña,
Triste y Ena.
Por otro lado, la Ruta del Santo Grial atraviesa La Hoya dado que el
Santo Cáliz, traído a Huesca por el santo oscense Lorenzo
para preservarlo de los romanos, y tras una larga custodia en el Monasterio
de San Juan de la Peña, fue posteriormente trasladado de nuevo
a través de esta comarca hasta lugar seguro, su actual emplazamiento
en Valencia. Esta ruta coincide con el tramo del Camino de Santiago y
con la vía romana Zaragoza-Pirineo.
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Sorprenden especialmente las formaciones geológicas denominadas
mallos, farallones de conglomerado que evocan enormes torreones de vertiginosas
paredes verticales, paraíso de escaladores y hábitat frecuentado
por numerosas rapaces.
Destacan los mallos de Riglos, Agüero y Murillo, en el entorno del
río Gállego, y los del Salto de Roldán y Vadiello,
en el Parque Natural de Guara.
Las sierras prepirenaicas albergan otras formaciones de relieve abrupto
de indudable belleza, fruto de la erosión fluvial en el terreno:
se trata de las foces, cañones, barrancos y gargantas, además
de numerosas cuevas y simas en un mundo subterráneo lleno de belleza
y misterio.
La foz de Salinas, próxima al río Gállego, y la
de Escalete, en las inmediaciones del pantano de La Peña, son
los mejores exponentes de este tipo de caprichos naturales, aptos para
el disfrute en sencillos itinerarios senderistas.
Los cañones y gargantas más espectaculares se abren en
el parque natural de los cañones y la sierra de guara, siendo
los de los ríos Formiga, Flumen, Guatizalema y Calcón los
más practicados por los amantes del barranquismo. De fácil
acceso y sin desmerecer en belleza es el barranco de La Pillera, en las
proximidades de Nocito, en la cara norte de la Sierra de Guara, así como
las gorgas de San Cristóbal, en la cabecera del río Sotón,
y las gorgas de San Julián de Lierta.
En la parte meridional de La Hoya, sorprenden los escarpes de Piracés
y Tramaced, resultado de un intenso efecto erosivo sobre tierra arenisca
que ha modelado un paisaje evocador. Por otro lado, los sasos y llanos
de la Violada, en Alcalá de Gurrea y Almudévar, contrastan
por tratarse de un territorio suavemente ondulado con oteros escasamente
elevados.
DIVERSIDAD ACUÁTICA
Varios ríos surcan esta comarca de norte a sur, ofreciendo agradables
riberas en sus cursos medios hacia el Ebro: el río Gállego,
en el Reino de los Mallos, es el río más vital, recorrido
por numerosos amantes del rafting y otros deportes en aguas bravas; otros
ríos son el Sotón, el Isuela, el Flumen, el Guatizalema
y el Alcanadre, que originan en su curso alto sugestivos cañones
y barrancos y agradables sotos en el medio.
El agua está presente también en los varios embalses que
garantizan el baño y agradables paseos por su entorno: los embalses
de La Peña, Arguis, Belsué, Cienfuens, Vadiello y Calcón.
El de La Sotonera posibilita asimismo la práctica de deportes
náuticos. De notable belleza son también las albercas,
sistemas de regulación de agua de origen árabe que son
parada obligada de numerosas aves acuáticas; de estos humedales
cabe destacar la alberca de Cortés, en Chimillas, las albercas
de Castilla y de Alboré, en Lupiñén, la alberca
de Loreto, próxima a Banariés y la alberca de Valdabra,
en las proximidades de Huesca.
FLORA Y FAUNA
Este variado relieve es cubierto por diversas especies vegetales, sobresaliendo
las carrascas –encinas– y los pinos por los campos de cereal
y de cultivos leñosos, especialmente olivos y almendros. Además,
las plantas aromáticas y rupícolas, que arraigan sus
raíces en las abundantes paredes de roca del paisaje de La Hoya,
destacando la corona de rey, las siemprevivas o los zapatitos de la
virgen. Por su parte, los chopos siguen las riberas fluviales, mientras
en las áreas montañosas abunda la vegetación de
tipo atlántico y pirenaico, como el abeto y el hayedo.
El mundo animal también es diverso en esta comarca, destacando
el jabalí y el corzo, el conejo, la perdiz y el gato montés.
Los cielos de La Hoya son frecuentados por aves rapaces y necrófagas,
como el buitre leonado, el milano y el quebrantahuesos.
Por su parte, las aves acuáticas hacen escala en las albercas
de este territorio en su trayecto migratorio a lo largo de la península.
CONTEMPLAR Y APRENDER
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Toda esta diversidad bien merece un paseo y la contemplación pausada
desde miradores de excepción. Algunos de los que más recompensan
sin exigir demasiado esfuerzo en su acceso son el Salto de Roldán,
junto a Santa Eulalia de La Peña; la torre medieval de Santa Eulalia
la Mayor; el monte de San Miguel, en Ayerbe; el castillo de Marcuello
y el Mirador de los Buitres, en Linás de Marcuello; la ermita
de la Virgen de la Peña, en Aniés; el mirador de la Reina,
en el Castillo de Loarre; el mirador de la Colegiata, en Bolea; el cerro
de La Corona, en Almudévar; la Piedra del Mediodía, en
Piracés.
Por otro lado, la Hoya de Huesca cuenta con varios espacios museísticos
e interpretativos relacionados con la naturaleza: el Museo Naturalista «La
Casa de los Buitres», en Santa Cilia de Panzano; el Centro de Interpretación «Los
Altos de Guara», en la misma localidad; el Centro de Interpretación
de las Aves Migratorias «Alberca de Alboré», en Montmesa;
y el Centro de Visitantes de la Sierra de Guara «Pascual Garrido»,
en Arguis.
NATURALEZA Y CULTURA POPULAR
La Hoya de Huesca cuenta con interesantes manifestaciones de patrimonio
etnológico y simbólico directamente vinculado al medio
natural, en muestra de la íntima relación del hombre
con su entorno.
Por un lado, un amplio conjunto de pozos de hielo y nieve, utilizados
para almacenar el hielo o la nieve del invierno para su posterior utilización
en época estival; entre ellos destacan en La Hoya los de Vicién,
Almudévar, Salillas, Casbas de Huesca y Nueno.
Por otro lado, la búsqueda del agua de manantiales subterráneos
que arranca de época medieval y tiene huella árabe, siendo
los mejores ejemplos de pozos–fuente los de Albero Alto, Piracés,
Antillón, Blecua, Ola, Velillas y Angüés.
Las bodegas subterráneas, excavadas en los cerros de los núcleos
de población, son el tercer grupo de elementos de nuestra cultura
popular, de origen antiguo. Son especialmente numerosas en las localidades
de Almudévar, Alcalá de Gurrea, Puibolea, Bespén,
Blecua o Antillón.
Actualmente continúan en su mayor parte activas para uso doméstico
privado. El Centro de Interpretación de la vid, las bodegas y
el vino, de Almudévar, nos acerca a este tipo de patrimonio popular.
Por su parte, a medio camino entre cultura, etnología y simbolismo,
se encuentra la ruta de las piedras fecundantes, vinculadas a rituales
de fecundidad de origen remoto, peñas trabajadas por la mano del
hombre dándoles formas de aparato reproductor convirtiéndolas
así en “templos sagrados de fecundidad” donde acudirían
mujeres y hombres con problemas de esa índole. Esta ruta se encuentra
en el sector sureste de La Hoya, en las localidades de Piracés,
Ayera, Fañanás, Ibieca, Sesa, Tramaced y Velillas.
Un espacio propio y destacado merecen las ermitas rupestres de la Hoya,
un rosario de eremitorios edificados en época medieval a lo largo
de las sierras prepirenaicas aprovechando oquedades o resaltes de la
orografía. Estos elementos de patrimonio cultural tan vinculado
al entorno natural constituyen nuestra ruta del silencio en la hoya,
conformada por la ermita de la Virgen de La Peña –en Aniés–,
la ermita de San Cristóbal del Barranco –Bolea–, la
ermita de San Julián de Andriá –entre Lierta y Arascués–,
la de San Martín de la Val d’Onsera –en San Julián
de Banzo–y las ermitas de San Chinés y de San Cosme y San
Damián –en Vadiello–. Llegar a ellas exige un pequeño
esfuerzo senderista por parte del visitante – practicable por toda
la familia en la mayor parte de los casos–, pero la triple dimensión
del valor que reúnen –cultural, etnográfico y natural– hace
a estas ermitas rupestres merecedoras de dicho pago.